lo que es muy largo para el útero de verdad

Wednesday, December 17, 2008

Proyecto Perú

1

RÓMULO LEÓN A.

PERÚ.-

Apreciado Rómulo León;

Gracias por tus atenciones.


Te he requerido que por favor y por DIOS hagas una concentración de tus actividades personales y profesionales hacia un (90%) concentradas en nuestro PROYECTO PERÚ.-


AGENDAS”


A).- PROYECTO HOSPITALES.-

a) MINSA-Gobierno Central- I) LIMA

II) ZONA SINIESTRADA

b) Provincias-x) zona norte I) CAJAMARCA

II) CHICLAYO

y) zona sur I) CUSCO

II) ¿

c) UNIVERSIDAD SAN MARCOS


B) Continúa pág. 2 .- PROYECTO PETRÓLEO


2

Rómulo;

Vuelve y prende el MOTOR_ El viernes salgo y te apagas.-

a) Te reúnes con el Pdte/Director.- de OEI y no me dices nada.-*

b) Quedaste en enviarme todos los datos del ingeniero Guillermo para hacerle una llamada que con tanto acierto me sugieres y no me envías el/los N°s que me ofreciste enviar.- ayer VIERNES.-

c) No me envías un MINI-PLAN siquiera de ACTIVIDADES desde? Lunes 11 al

Viernes 29.-

Ahora necesito me envíes una RUTA CRÍTICA de ACTIVIDADES y ACCIÓN en los ASUNTOS HOSPITALARIOS, basado en mi solicitud y en lo que tú puedas agregar, además de otras RUTAS CRÍTICAS que te solicito.

d) Por lo tanto; envíame una RUTA CRÍTICA de.-

PROYECTOS HOSPITALARIOS

A).- ACTIVIDADES NECESARIAS PARA TENER EN PUNTO DE MATE ESTOS PROYECTOS DEL MINSA Y REGIONES.-

RUTA CRÍTICA DESDE EL LUNES 11 a VIERNES 29.- FEBRERO

DÍA X DÍA.- VER AGENDA Y RUTA 20 DÍAS

CRÍTICA HOSPITALARIA


RUTA CRÍTICA 11 A 29



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  1. PROYECTO HOSPITALES URGENTE

  1. OEI.- obtener que Hernán apriete OEI y proceder

a nombrar a JORDI por OEI/MINSA.-

  1. Tratar de ver si es posible el aumento de precio.- SINCERIZADO

Del M2 de CONSTRUCCIÓN PROMEDIO a +/- US$ 1200.oo

  1. De ser posible hacerlo por la pura y simple el MINSA (con la

Asistencia de los ARQUITECTOS y la nuestra).-

  1. De no poderse entonces; Proceder a realizar el EXPEDIENTE TÉCNICO. Este Expediente Técnico a realizar por (3) tres ARQUITECTOS nuestros.- 2+1 nuevo.- Amigo

  1. EMERGENCIAS

  2. NIÑO

  3. ZONA SINIESTRADA

  1. Realizar una o dos reuniones con Hernán.

1°) Para indicarle y obtener sin ecuanon que sea la OEI y sus razones.

2°) Reunión: Tú con los 2 arquitectos solamente y Hernán en una MESA de CONFERENCIA en el MINISTERIO .- o en el HOTEL.-


COMUNICARME RESULTADOS DE INMEDIATO SEAN OBTENIDOS

  1. HOSPITAL SAN MARCOS- Establecer contacto Rector San Marcos para simplemente (más nada)-Somos los socios o ellos son nuestros socios Icuatro. Nosotros somos la parte OBRAS CIVILES y la Ejecución de llevar el PROYECTO hasta el LLAVE en MANO INTERNACIONAL y de ser necesario la PUESTA EN MARCHA.-

Estamos a la Orden:- más nada.-


RUTA CRÍTICA 11al 19



4


  1. PROYECTO PETRÓLEO.-


PROYECTOS PETRÓLEO.-


  1. PETRO PERÚ.-

  1. Enviarme Directorio de PETROPERÚ.-

  2. Seguimiento hasta el ENVÍO de los 4(cuatro) Bls. de CRUDO.-

  3. Presentación tecnología de EXPLORACIÓN.- de GEOPROBE –

PETROMAKER a CONCESIONARIOS. Comenzando con sus SOCIOS

PETROBRAS – ECOPETROL y etc.-

  1. Asistencia a tus gestores en PERUPETRO.-

* Ha solicitud mía te llama Danilo y es cuando.- SÁBADO a la 12.00.-


SIGUE. PERU PETRO.- (b)


RUTA CRÍTICA 11 a 17


_____________________________________________________________________

5


B b PERU PETRO.-


  1. Enviarme DIRECTORIO de PERU PETRO.-

  2. Preparar ambiente con miembros del DIRECTORIO que puedas accesar.- Esto es URGENTE.-

  3. Actividad que pueda realizar y (debe y puede hacer) Jorge del Castillo.-

  4. ACTIVIDAD de 1er MINISTRO por su magnitud, importancia, e interés del PERÚ.- Además el Presidente inició el apoyo con el MINISTRO (tibio) y el puede proseguir.-

  5. Solicitar CITA con el Presidente DANIEL SABA .- (lunes o martes) NAVA, MIRTHA, JORGE para que se puedan explayar de Peruano a Peruano.


EN EL MAR las TRES ÁREAS que conoces las vamos a solicitar de inmediato.-

Las de Tierra las que él te recomiende.

Le dices que en tierra vamos a ir, salvo su mejor parecer, con sociedad (Que hasta no ha dicho una sola palabra ni ha hecho nada) con PETRO PERÚ en uno de c/3 LOTES.-


EN AGUA – 3 LOTES, EN TIERRA 3 LOTES.-

DISCOVER-PETROMAKER GEOPROBE-FORTLUCK.-

FORTLUCK


  1. Preparar con SABA, Lunes 18, en el proceso de tu cita.-, cuándo Vamos a VISITARLOS en compañía con los representantes de MÉXICO y con los Ejecutivos NORUEGOS de DISCOVER-PETROMAKER y GEOPROBE y FORTLUCK.-




6


B b PERÚ Petro – cont.-


  1. SABA regresa +/- viernes 16, tú podrías verlo lunes 18 o martes 19. Podrías recibir la carta N°2.- y N°3 solicitando en específico los LOTES, durante el curso de la SEMANA. LUNES a MARTES, también a más tardar MIÉRCOLES en la mañana.-

(3) TRES de MAR – Lo que conoces.- LIMA-PISCO-y MOLLENDO

(2 ó 3) Tierra lo que te recomendará SABA – (y CÉSAR?)-


Necesito la buena posición para enviar Martes o Miércoles 12 ó 13 la Carta N°2 solicitud formal especificando los LOTES/ÁREAS en el mar en el formato de CONVENIO/S DE EVALUACIÓN TÉCNICA.- o de ser posible en CONCESIÓN DIRECTA en función de las importantes inversiones y características de las Empresas solicitantes.-.-


Espero entonces la indicación de cuáles son los 2 ó 3 LOTES en Tierra para hacer la 3ª Carta.- que sería enviada el JUEVES 15 para estar en PERÚ PETRO disponibles a la llegada de SABA.-

  1. Tendrías toda la semana del 18 al 23 para resolver todo y poder o poder invitarnos PERÚ PETRO la semana del 25 al 29 preferiblemente LUNES o MARTES (25 o 26) para los NORUEGOS volar el Domingo 24 o LUNES 25 a LIMA.-



7


B b PERÚ Petro – cont.-


Por lo tanto amigo Rómulo (RLA) estás dentro de los LÍMITES que yo acabo de coordinar en CONFERENCIA TELEFÓNICA – NORUEGA – MÉXICO – SANTO DOMINGO.-


DEBEN CONFIAR QUE DEBEMOS PREPARARNOS PARA VIAJAR A LIMA a la firma por lo menos del CONVENIO N°1 de las ÁREAS DEL MAR.- LA SEMANA-25 A 29.-


Tú RUTA CRÍTICA sería como te he anticipado del 11 al 29.-


Estoy preparándome para llegar nuevamente a PERÚ el DOMINGO/LUNES 24/25 de FEBRERO para esperar las 2 MISIONES, - MEXICANOS Y NORUEGOS y tal vez los JAPONESES de GEOPROBE.-


Sí cumples tus Rutas Críticas Todo quedará bien.-


EXORTACIÓN N° (X)-(Y) ó (Z).-?


Rómulo; Te envío la Ruta Crítica que le envío al Ing

  1. Mario Díaz.- para que veas cómo es que procedo.-

  2. Necesito Respuesta.-

a)-CONSUCODE.- Que hay y que puedo esperar.-

b)-Cuenta Banco CONTINENTAL.- Esto ha sido lo más increíble tengo meses en esto y 2 viajes último y no he podido ABRIR LA CUENTA.- por DIOS, Rómulo, qué es!

c) ENVÍAME LOS DATOS Tls Ing. Guillermo Gomero. Quedaste en enviarlos VIERNES. (Esto es de tu propia inspiración)-

d) EL TUBO NEGRO CON LOS PLANOS GRANDES SE LE QUEDÓ a TOLEDO en la CAMIONETA. ENVÍAMELOS POR DHL –URGENTE.-



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RESUMEN ASUNTOS IMPORTANTES y URGENTES

PROYECTO PERÚ

RESUMEN GENERAL


A.- HOSPITALES.-

a) Designación de OEI para la preparación de TODO LO CONCERNIENTE a HOSPITALES de LIMA.- EXPEDIENTE TÉCNICO Y LICITACIÓN-

PROYECTO OFERTA (LLAVES EN MANO)

OFERTA TÉCNICA Y ECONÓMICA POR EL LICITANTE


ALTERNATIVA: UNOX ORGANIZAR EL DE LA ZONA SINIESTRADA.-


DESIGNACIÓN DE OEI es un OBJETIVO a cumplir DE VIDA o MUERTE.

VALOR DEL M2-US$750.00/MINSA

RÓMULO: EL PRECIO MÍNIMO QUE IRÍAMOS SERÍA US$ 1,100.00 a 1,150*


ESTO SOLO SE CONSIGUE CON OEI haciendo el expediente Técnico de H. del NIÑO y las TRES EMERGENCIAS – ARQ CARRASCO y ARQ. TURSA.-


SI TENGO QUE LLAMAR a HERNÁN ÚLTIMA INSTANCIA


Recuerda que Hernán tiene una gran RELACIÓN con el Jefe de UNOX.-

También tiene otra Empresa Española muy cercana (nueva empresa)-esta es una información que me ha llegado aquí.-

CIERRA ESTO LUNES a MARTES.-


B.- CONSUCODE.- NO DEJAR QUE ESTO PUEDA PASAR DE ESTA SEMANA.- QUE LUCHA TODO.-

C.- Cuenta BANCO CONTINENTAL BBVA-?

D.- PETROLEO:

a) EXPLICACIÓN INDICADA.- Perú Petro.-

b) EXPLICACIÓN INDICADA.- Petro PERÚ.- cita MESA, NAVA y MIRTHA.-


Tienes que llamarme todos los días a la 5:00/6:00 hora Perú. Informe día x día hasta el 29 de FEBRERO.


*EL PRECIO DEBIERA SER 1,200/1,250 M2.- Para Cubrir todos los compromisos y que nos quede a nosotros.-


Wednesday, December 10, 2008

Así preparo una entrevista - César Hildebrandt

El periodismo es para mí una especie de instancia final que viene a justificar una serie de vocaciones fallidas. Y no lo digo con desprecio retroactivo, sino con sinceridad y sin mayores afeites. Después el periodismo ha sido para mí mucho más que un trabajo: una pasión.

Yo necesitaba, como todos, trabajar. Provengo de una familia de clase media empobrecida. A los 17 o 18 años requería tener una cierta independencia económica, pero las alternativas eran bastante sombrías como lo son ahora para cualquier joven. Pude haber sido un oficinista, pero no tenía vocación para ello.

En realidad, entré al perio­dismo porque tenía antecedentes: había sido fundador de un periódico mural en el colegio Leoncio Prado y también, aun­que no sea muy elegante decir­lo, presidente de un club de oratoria del mismo colegio.

La sombra de mi abuelo materno fue para mí muy estimulante, hasta diríamos de­cisiva. Él era un trujillano ma­són, librepensador, anticlerical, tenía un periodiquito llamado La Razón, por el cual sufrió persecuciones, muchas miserias y pellejerías.

A1 redactor que em­pieza se le obliga a no tener pri­vacidad, a escribir en casi una especie de colectivo. Esto, sin lugar a dudas, resiente el estilo aun cuando en las redac­ciones de los diarios, penoso es decir­lo, no se cultiva como es debido el estilo.

Recuerdo que una vez, en Alema­nia, visitando la redacción del diario Der Spiegel (El Espejo), llegué a enterarme de que tenía una escuela de redacción, es decir, una escuelita de formas, de sintaxis. Pasar por ella era indispensable para aspirar a ser redactor de este semanario, el más importante de Alemania Federal.

De alguna manera la prensa anglosajona se preocupa mucho del estilo, en cambio la nuestra no. De allí la homogeneidad opaca que hay en los periódi­cos de Lima en ese sentido, tan­to que hace años no se nota un brillo especial en ellos al enca­rar el lenguaje y la comunica­ción. Todos son de una unifor­midad lamentable, por el desdén que el estilo como concepto merece en las redacciones.

Yo me imagino que una re­dacción de un diario como la de una revista, donde cada redactor tenga un ámbito pro­pio, hasta afiches que lo esti­mulen y, por supuesto, un se­lecto grupo de libros de con­sulta en que apoyarse. A pro­pósito, me gustaría preguntarle a un jefe de redacción de cual­quier diario de Lima: «¿Cuán­to tiempo hace que no consul­ta con un diccionario de sinó­nimos?». Estoy seguro de que si la respuesta fuera sincera, se­ría: «¡Hace diez años!».

Con la televisión tengo una relación ambivalente. Primero porque valoro su poten­cia, su cobertura, la fuerza in­discutible para llevar un men­saje. Te pueden leer 250 mil personas si escribes en una bue­na revista, pero si tienes un espacio de televisión, en el peor de los casos, te verán unas 800 mil personas.

¿Por qué ambivalente? Porque al mismo tiempo que admito que esa fuerza es beneficiosa para un comunicador, soy una persona nacida en la prensa escrita, que es mi ámbito natu­ral, mi hábitat es el texto, no la imagen. Por eso me siento de tránsito en la televisión, trán­sito que no se cuánto tiempo durará en mi vida.

De lo que sí estoy seguro es que regresaré a la prensa escri­ta, donde me siento mejor, donde puedo frasear, encontrar aunque penosamente algo que es muy importante: un estilo. Ade­más, la prensa escrita es mucho más duradera, pues de la televi­sión podríamos decir como Juan Gonzalo Rose del rey o de sí mismo: esta fugacidad es todo mi reino. Porque la televisión es volátil, pasajera.

Claro que yo me siento bien en la televisión. En ella con gran esfuerzo hemos hecho un programa que es útil; que ten­drá muchos defectos, pero tam­bién muchos méritos. Pretende­mos con esto que la pantalla del televisor no sea un hueco negro, un túnel que conduzca a la nada o al embrutecimiento, sino un espejo que refleje la imagen del país que muchas veces es depresiva y negativa. Nuestra labor es notariar la reali­dad, no endulzarla.

La televisión tiene ventajas indudables sobre la prensa. Su grado de inmediatez, de hones­tidad ­—si se maneja con criterio— y de fuerza, no lo tiene la prensa escrita. Por ejemplo, un docu­mental sobre Chile, como el que vemos en televisión en términos de eficacia ideológica, de crea­ción de conciencia u opinión alrededor de un tema como la dictadura de Pinochet, vale, en mi opinión, lo que 30 edito­riales de diarios.

Es decir, en la televisión el concepto está implícito en la imagen. No se separan. Las for­mas y el fondo están muy identificadas, indesligables. En cambio, en los periódicos hay terri­torios de opinión: las páginas editoriales.

En la televisión es inevitable que el concepto esté detrás de la imagen, es decir, hay una permanente connotación de los hechos. Eso se ve clarísimo. Los noticieros nunca son ino­centes. Dirigen determinadas par­celas de la realidad, y esa opinión ya es una toma política.

Asignarle fuentes a un redactor no lo considero ma­lo, pero pienso que resultaría mucho mejor si adquiere una vas­ta experiencia a lo largo de todas las secciones de un diario. Es de­cir, yo no concibo un redactor tangencializado. El hecho de que en el medio existan periodistas de locales, policiales, especialis­tas en entrevistar a ministros o en cubrir incendios, es francamente deshumanizar la profesión.

Esto es quitarle al redactor la posibilidad de mayores horizon­tes, inclusive, en términos de percepción. Mi experiencia en ese aspecto es sintomática. Yo he si­do redactor deportivo. Recuerdo que una vez Bernardo Ortiz de Zevallos me dobló el sueldo por comentar el partido de fútbol entre Estudiantes de La Plata e Inter­nazionale de Milán que yo solo había visto por televisión. He sido periodista de locales, espec­táculos, policiales. He escrito en editorial del viejo Expreso cuando Manuel D’Ornellas era jefe de la página. En fin, en periodis­mo hice un poco de todo y me enorgullece mucho haber trota­do calle como reportero.

Comprendo lo que significa saber diagramar, darle un sen­tido plástico a la nota. Gracias a eso se puede apreciar una fo­tografía, marcar debidamente un contacto. Yo no conozco en el medio más de cinco periodistas que sepan hacerlo. Eso lo da la práctica, la experiencia, eso no se aprende en una escuela.

Tengo la firme convicción de que el periodismo básicamente es producto de un talento que debe cultivarse, orientarse, nutrirse de información y teoría, porque es un oficio emparentado con el arte. Con esto no quiero decir que el periodismo sea una bo­hemia. Detesto la identificación periodista-bohemia. O se es una cosa u otra.

El periodismo es un instinto, una percepción anormal de las cosas, un olfato animal para la anticipación. Y por supuesto una pasión, una pasión que lo esclaviza, que lo seduce y se convierte, en un momento, en lo más importante de la vida. Incluso lo induce a uno a achicar su vida familiar, su privacidad. Estimo, por lo tanto, que el periodismo jamás pueda ser to­mado como un trabajo con horario. Nunca lo acepté así. Pues en él hay algo de fanáti­co, místico, laico.

Creo que lo moral se debe frasear siempre en términos sen­cillos, en premisas absolutamen­te accesibles a cualquiera. Creo, por ejemplo, que si hubiese un mosaico, una especie de decálogo en el periodismo, el primer deber debe ser: No men­tir. Es un valor indispensable del periodismo que debe tocar­se con mucho rigor.

Cuando uno enfoca un aspecto de la realidad y está suprimiendo otro, de hecho está mintiendo.

Luego de la premisa de no mentir, es necesaria una identi­ficación sustancial con valores como la justicia, la honestidad, la ternura hacia el que sufre, hacia el explotado, el desam­parado. Todo esto constituye un programa mínimo de ética de la comunicación, el que se ve amenazado permanentemente en un medio como el nuestro manejado al final de cuentas por la publicidad.

Es preciso conciliar este pro­grama moral de tal forma que evite que ciertos intereses te desechen si te metes a fondo en el periodismo. Ese es el di­lema cotidiano de todos los periodistas. El mío y de todos aquellos que comunican.

En la profesión yo he cometi­do muchos errores leves o gra­ves. Uno de ellos durante el Go­bierno militar cuando, entusias­mado por las posibilidades refor­mistas, suprimí even­tual­mente mi conciencia crítica y llegué a no ser explícito en condenar las medidas repre­sivas que afec­taban a los otros poderes y al­gunos colegas. Por eso nunca he terminado de remorderme lo suficiente. Ese rol me escarmen­tó tan definitivamente que ya estoy vacunado contra las ten­taciones del poder.

No hay un periodismo que valga la pena sin ética social de peso. No hay éxito que me­rezca vivirse si no hay compro­miso con la gente que sufre. Si el periodista es un ser neutro, equidistante de todo, prescin­dente del sufrimiento de los demás, es simplemente un talen­to alquilado, parte de una má­quina inhumana. Es para decir­lo de una vez y con toda su cru­deza: un miserable.

Actualmente yo me siento cómodo en la televisión, dentro de lo relativo de mi espacio. Por­que puedo hacer cosas, mostrar, por ejemplo, la indignación del pueblo piurano ante la negli­gencia criminal de los burócra­tas que pudrieron los alimentos. Puedo dar un especial del sufri­miento del pueblo chileno des­pués del experimento de los Chicago Boys. Es decir, hacer causa explícita, enfática con los que padecen, con los ciudada­nos de segunda clase de estas sociedades.

Esto no es demagogia sobre mí mismo. No me considero un periodista revolu­cionario por­que nunca tuve el coraje de romper radicalmente con aque­llo que debí romper. Pero den­tro de este sistema utilizo los mayores márgenes de libertad que me son permitidos.

Abdicando a sueños pasados debo resignarme a ser la persona que enrostra al ministro del Interior por violación de dere­chos humanos, que modestamen­te contribuye a crear una con­ciencia crítica en un pueblo de­masiado paciente como el nues­tro. Hago ejercicio de la mayor sinceridad posible. Practico el buen periodismo cuando puedo. Pero sobre todo me gusta con­sumirlo cuando lo leo o lo veo.

El buen periodismo nunca es unilateral. Nunca es plena­mente objetivo, porque jamás accede a la «objetividad» de una máquina fotográfica, aun cuando esta no es totalmente objetiva, pues una luz determinada, un perfil subrayado le dan una di­mensión subjetiva a la imagen. El buen periodismo combina muchos elementos y resulta obje­tivo en la medida en que respeta el hecho; si no lo hace, lesiona lo más elemental de la profesión.

Una crónica de Le Monde ja­más es plenamente objetiva. Hay siempre una carga de interpreta­ción y un evidente compromiso con ciertos valores, con normas éticas, como son la justicia, el amparo al desprotegido, la denuncia del abuso, etcétera. Entonces yo estoy convencido de que nos han vendido desde la época de la «escuelita de Beltrán» el cuento de un periodismo objetivo frente a1 periodismo personalizado, literario, interpretativo. Eso es falso porque el buen periodismo hace tiempo que dejó de moverse dentro de ese maniqueísmo. El buen periodismo respeta hecho y lo interpreta. Esa es la definición cabal para mí de lo que es un periodismo de verdad.

Una experiencia que se me ocurre contarles es la vivida cuando llegué a El Salvador como un corresponsal de gue­rra. En esa oportunidad en­frenté por primera vez una realidad que todo periodista de verdad debe encarar: el miedo.

Yo salía con César Vera Tu­dela, camarógrafo de Canal 4, rumbo a Chalatenango desde la capital en un coche que alqui­lamos y yo manejaba. Poco después de dejar San Salvador nos detuvo un grupo de jóve­nes combatientes. Uno de ellos, el que físicamente nos paró, llevaba la cara protegida por un pañuelo rojo y un revólver en la mano. Con decisión se acercó a la ventanilla del cho­fer, que era yo, y me puso el frío caño de su arma en la sien. El muchacho, que no tendría más de 16 años, estaba muy nervioso y quería arrebatarnos el auto. Tal vez no quería ha­cernos daño sino simplemente apoderarse del vehículo para un operativo de guerrilla urba­na.

Lo convencimos, mejor dicho lo convencí yo, de que no lo hi­ciera. Le explicamos que éramos corresponsales peruanos y que no podíamos desprendernos del auto. Recién se persuadió cuan­do le mostramos los pasaportes que llevábamos en la guantera. Después supimos que asaltó otro auto que venía detrás del nues­tro.

Otra dramática experiencia tu­vimos luego de la toma de la universidad donde fuimos ence­rrados en el rectorado, junto con un grupo de más o menos una decena de periodistas inter­nacionales que había sido con­vocado a una conferencia de prensa suicidamente pública del FDR. Cuando vino el asalto de la tropa donde murieron 16 univer­sitarios realmente el miedo se triplicó, porque allí estábamos expuestos a la bestialidad sin nombre del Ejército salvadoreño, que por orden del ministro de Defensa, el hoy destituido coronel García, tomó esas insta­laciones.

Confieso, sin embargo, que la experiencia más próxima con el miedo, al verdadero miedo, ese miedo que nos asume físicamen­te con una fulguración y palidez especial, lo sentí el día que en un helicóptero de la Fuerza Aérea peruana asistí al bombar­deo del último puesto de vigi­lancia en manos ecuatorianas durante el incidente de la cor­dillera El Cóndor.

Tuvimos el privilegio de ser los primeros en llegar a la zona y subirnos al helicóptero que tenía la misión de descargar 64 granadas de gravitación, 32 por ala, en el PV 4 todavía en poder de los ecuatorianos. Re­cuerdo que en el momento del ataque yo me tendí en el piso del helicóptero y un coman­dante, me acuerdo negro y rigu­roso él, que estaba al mando del operativo me dijo: «Señor Hildebrandt, no se eche ahí porque la nave no es blindada y este fuselaje se perfora hasta con un perdigón. Así que me­jor, siéntese».

No había tranquilidad en mí. Se había descargado la primera andanada de rockets, de grana­das. Íbamos en un sobrevuelo para que el helicóptero se pusie­ra en posición de lanzar eficaz­mente la segunda descarga. En esos momentos Fernando Yove­ra, el otro periodista que estaba con nosotros, de Caretas, me re­comendó una especie de terapia mental. Había dos ametrallado­ras disponibles en las ventanas del helicóptero. Las otras cuatro estaban ocupadas por soldados que las disparaban casi sin cesar. Y aunque les parezca increíble, tomé una ametralladora y dis­paré. Por supuesto al azar, sin acertar en lo absoluto. Solo contribuyendo aún más al des­pilfarro de balas del Ejército peruano.

Esto me dio una suerte de inmunidad hipnótica en ese mo­mento. Era la única manera de romper el miedo. Viví una ex­periencia grande, extraordinaria para mí.

Les confieso que siempre tuve la sensación un poco incómoda de ser un periodista demasiado «intelectual«, «agudo», «de es­critorio». Fue ese aprendizaje hu­milde de ser un corresponsal de guerra, que es el trabajo más hermoso que puede existir en el periodismo, el que me dotó de una autoestima distinta.

Por eso les digo que sentir miedo es importante para un pe­riodista, pues al final de cuentas nos acerca al lado, no quiero decir heroico, pero sí aventurero, arriesgado, vehemente del perio­dismo. No se puede hacer perio­dismo sin una chispa de locura, sin una chispa de audacia. Lo demás puede ser editorialismo, propaganda, talento, pero no concibo un periodista que no haya cruzado la barrera del pá­nico.

Les revelo que para preparar una entrevista lo prime­ro que hago es reunir (el dossier) lo que llamo «el expediente del personaje». A veces casi «el prontuario». Una vez que reúno esto —en el que me ayuda alguna gente—, pues no es solo de mi archivo personal que yo extraigo «este tipo de memoria del en­trevistado», empiezo a leerla. La lectura generalmente me suscita las preguntas.

Inmediatamente hago un lista­do de posibles preguntas, de po­sibles temas a tocar. Cuando dispongo de tiempo dejo sedi­mentar un par de días el proyec­to de cuestionario. Luego releo y observo qué temas importantes he omitido. Entonces los agrego al listado.

Ahora, cuando hay zonas más o menos oscuras en el pasado del personaje que yo preciso revelar, recurro no solo a recortes periodísticos sino que acudo a fuentes vivas: personas vincula­das al tema, contradictores. Yo muchas veces llamo por ejemplo al «enemigo número uno» del personaje y le planteo: ¿Qué preguntas le harías tú? Este recurso es técnicamente legítimo para una entrevista política o polémica.

Ese es un género más o menos previsible para mí. Pero también hago entrevistas «no encarniza­das», las que yo llamo «cómpli­ces». Entonces el tratamiento es distinto. Aquí ya no hay pasado que auscultar ni preguntas incó­modas que imaginar, sino más bien buscar el «tono» de la en­trevista. Yo siempre hablo del parentesco que existe entre la entrevista y la música. Esto parecerá un poco tonto, pero yo me lo explico así.

Hay entrevistas que son «ada­gios», como cuando Juan Gon­zalo Rose alguna vez me produ­jo esa sensación. Hay entrevis­tas que son como un «molto vivace» de música impresionista, con muchos metales. Entrevistas casi «chopinescas» que son las que generalmente nos da un político de moda, con muchos reflejos, con mucha elocuencia, con mucha energía.

También hay otro parentesco que me cuido de subrayar y que no es arbitrario: la entrevista es prima hermana del psicoanálisis. Si es una buena entrevista hay indudable afinidad con la confe­sión, con la confesión dolorosa, con la confesión que cuesta admitir. No con la confesión fácil, superficial.

Creo que una buena entre­vista debe contener todas estas características, nutrir al lector o al espectador de una informa­ción que él desconocía. Debe significar un congelado del per­sonaje en cuestión, es decir, servir algún día para un hipotético biógrafo. Debe recabar confesio­nes profundas y verdaderas. Y debe ser lo suficiente incomple­ta para no agotar al personaje, para que no se vierta absoluta y totalmente, porque ese es un sueño irrealizable.

Ninguna entrevista, ni la me­jor, debe ser un retrato cabal de ningún personaje. Debe prevale­cer un misterio que se insinúa, que se deja en puntos suspensi­vos, que no se termina de desci­frar. Siempre me gusta recordar esa hermosa frase de Malraux: el hombre es un montón de se­cretos.

Creo que el entrevistador no es sino un buscador de secretos, una especie de cazador furtivo de confesiones difíciles. Pero no solamente se requiere una batería de preguntas más o me­nos inteligentes sino un grado de comunicación física que pue­da producir lo que para mí es ca­si un género literario: el diálogo. El espectáculo de la conversa­ción.

En la intersección del entre­vistador y entrevistado surge una «tercera persona», que no es la suma de ambos sino otra cosa. Es importante que los es­tudiantes de periodismo com­prendan esto: que si no consi­guen el «tono» adecuado, el resultado será malo siempre. Hay que concebir un tono, un clima para poder llegar a la confesión, combinando severi­dad con complicidad, acoso con relajamiento.

Una entrevista tiene como el pentagrama tesituras distintas: violencia, ansiedad, acoso, pero también tiene remansos, tonos muy cálidos, conversacionales. Estos resultan los puentes entre acoso y acoso. Por eso es impor­tante administrar el tiempo a em­plear. Si uno se dedica exclusi­vamente al acoso se genera exce­so de defensa en el entrevistado, se distancia de él. Y eso es malo.

Por eso una entrevista en la prensa escrita resulta infinita­mente superior a una entrevista en la televisión. Porque en la televisión te obliga «ir al grano». E «ir al grano» significa ser co­yuntural. Y ser coyuntural sig­nifica no ser profundo.

Los grandes entrevistadores de la televisión, como David Frost, las hacen en tres horas y las pa­san en programas sucesivos. De esa manera Frost hizo llorar a Nixon después de Watergate. Pe­ro creo que nadie podría lograr esto en una entrevista puntual y formal de solo 25 minutos, por­que sería imposible llegar a la in­timidad de un político curtido y corrupto como en este caso.

Ahora la entrevista televisiva tiene un mérito que la prensa escrita carece: el de su total honestidad. Ahí no hay pre­guntas decoradas ni se valen de viejos estratagemas que deben ser descartados del medio y que ningún estudiante de periodismo ni periodista que aspire a entre­vistar debe usar. Nuestros en­trevistadores maquillan sus pre­guntas y post mórtem se hacen aparecer más inteligentes, agudos e incómodos de lo que fueron. Y también por simetría y desho­nestidad no tratan las respuestas con la misma generosidad a la hora del «desgrabe». Esto es im­portante, trascendente.

Entre lo pocos mé­ritos que reclamo en este papel de entrevistador es el no haber merecido jamás una carta de rec­tificación. Como tampoco seña­lado por haber manipulado, ter­giversado o mal transcrito una entrevista. El colega Carlos Do­mínguez, aquí presente, fue testigo de excepción cómo me trató una vez Pedro Beltrán con mucha dureza, con «ajos y ce­bollas», con mucho desprecio ideológico. Y más tarde se com­probó que esa entrevista salió así con todos sus desagradables ingredientes. Son, pues, los ava­tares de un entrevistador.

Si se tratara de comparar, por ejemplo, a Barbara Brookes, que es la mejor entrevistadora de la prensa norteamericana en la televisión, y a Oriana Fallaci, les diré que prefiero por su ho­nestidad a la primera, pues está comprobado que la Fallaci ter­giversa, mejora sus preguntas y en muchos casos fabula. Tanto así que ha sido rectificada por el ayatolá Khomeini, por Gaddafi, por Kissinger. Y nada menos que la mitad de sus entrevistados han denunciado a posteriori manipulación en la transcripción, como resultado de lo que llama­mos «tentación diabólica».

No quiero ser despectivo ni mucho menos, pero sinceramente me siento mal cuando los jóvenes egresados de la escuela de Perio­dismo vienen hasta mí buscando trabajo, para hacer práctica, en fin. Me doy cuenta de lo empo­brecedor que ha resultado su pa­so por ese centro de estudios. Y me alarma que los programas académicos de periodismo sean tan banales.

Alguna vez «El Cachorro» Seoane dijo algo que es una gran verdad: el periodista es un es­pecialista en generalidades.

El periodismo, para mí, es una especie de sucursal menor, pero sucursal del humanismo. No concibo ni admito un perio­dista que no tenga un sistemá­tico apetito cultural, una cierta voracidad por la cultura. Tam­poco un periodista que no ame el buen teatro, el buen cine, que no lea de vez en cuando una be­lla novela, que no tenga cierto contacto con la poesía. Pienso que eso es fundamental.

Una vez en la universidad, hace un par de años, un mucha­cho me preguntó: «¿Qué nos acon­sejaría a nosotros?». Y solo se me ocurrió contestarle: «¡Lean!». Es increíble que esto tenga que plantearse como una invocación. Lo que ocurre, hablando claro, es que hay una gran carencia de formación en el gremio, con las excepciones del caso desde luego. Sostengo que es básico poseer múltiples inquietudes culturales, y tiempo suficiente para infor­marse y apreciar lo bello.

Esto no es arbitrario, no es decadente capricho de aprendiz de intelectual. Pienso que quien no ama lo bello no puede amar lo justo. No pretendo ser sectario, pero sí debo decir lo que pienso. Quien no puede disfrutar a Vivaldi no se conmoverá ante un minero de Cata Acarí en huel­ga de hambre. Tengo la más absoluta y firme convicción al­rededor de esto. Y me alarma la pauperización que han sufrido las universidades en los últimos tiempos. Ese mito de creer o hacerle creer al estudiante de periodismo que el periodismo es una especie de ingeniería.

El diagramado, que en nuestro medio se confunde con el mero pauteo, es decir, con el acomodo chato de la tipografía y el ma­terial fotográfico, lo considero y es un arte. Por eso no en­tiendo cómo puede diagramar una persona que no tenga rela­ción con las artes plásticas, que no sepa apreciar la pintura.

La fotografía también es un arte, fundamentalmente un arte. Los fotógrafos no son notarios de la realidad, sino recreadores casi fundadores de la realidad. Sin embargo, en el medio tene­mos que decir que los fotógra­fos suelen ser, con las excepcio­nes públicas y notorias del caso, unos apéndices de sus propias cámaras fotográficas. Las máquinas los gobiernan y eso es simplemente absurdo. ¿Por qué? Porque no tienen una formación, no tienen generalmente un trato humanista con la profesión.

Entonces debemos recomen­darles que lean. Que lean a John Reed, sobre todo Los diez días que conmovieron al mundo, o lean a Norman Mailer en Los desnudos y los muertos y en La canción del verdugo, o que lean las cróni­cas de Ernest Hemingway. Esto casi es la levadura más esencial de lo que puede ser la formación de un periodista. Les he citado solo tres libros, pero podríamos citarles un mínimo de 20 que necesitan ser incorporados a la infraestructura cultural de un periodista que aspira a serlo de verdad.

No hay periodismo inculto. Es decir, no hay periodismo perdu­rable con instinto de posteridad que no sea culto. Y culto no sig­nifica ser pedante, académico, culterano. Lo popular es culto. Fatalmente hemos visto cómo durante los últimos años en el país cultura y periodismo se han convertido en enemigos, muchas veces en entidades irreconci­liables. De ahí viene el empo­brecimiento de los diarios, la fal­ta de un debate auténtico ideoló­gico. Porque aquí se confunde el debate ideológico con el insulto sectario, con el lío entre capillas. Esto da por resultado los problemas de formato del pe­riodismo. La miseria fotográfica que habita nuestra prensa lo dice muy claramente.

No hay una visión estética del periodismo siendo este substan­cialmente un arte. Eso es lo que los industriales de la prensa no quieren entender. Y por eso fa­talmente muchos estudiantes de periodismo envenenados por esa prédica empobrecedora de sus escuelas tampoco lo entienden. Sin embargo, mi esperanza está en los jóvenes, porque los jóvenes son mucho más susceptibles de cambiar que aquellos que han hecho del periodismo una mera industria, simplemente un gran negocio.

El compromiso con la belleza formal es tan importante en el periodismo como el compromiso con la verdad. Una verdad bien escrita, bien ilustrada, bien dia­gramada tiene un valor especial agregado indiscutiblemente.

Esa prensa hermosa anarquis­ta de principios de siglo al ser leída revela que está nutrida de humanismo, hasta su redacción, que podría parecernos ahora ingenua 70 años después, tiene la vivencia de una especie de «aristocracia del proletaria­do» que ocupó esas páginas. Les hablo de Delfín Lévano, de Carlos Garland de esa época. Esos fueron personajes com­prometidos con la cultura.

¿Quién fue nuestro más gran­de agitador? ¿Quién hizo del pe­riodismo lo que Bolívar siempre soñó que debía ser el periodismo?: González Prada. Bolívar di­jo: El periodismo es la artillería del pensamiento. ¿Quién interpre­tó mejor esa frase en el Perú? González Prada. González Prada fue un hombre profundamente culto, profundamente humanista, comprometido con experiencias literarias, sociales y, por supuesto, profundamente comprometido con la causa del progreso y con la causa de la justicia.

Cultura, verdad y belleza son, pues, los tres grandes pilares de cualquier buen periodista.


(* Este texto apareció en Revista de Comunicación, Cuaderno 1, Lima, 1983, pp. 22-33. No se trata de un artículo, sino de la transcripción de una conversación.)

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