lo que es muy largo para el útero de verdad

Monday, July 27, 2009

División blindada

por Pedro Tenorio (Somos, El Comercio)

LA CÓMODA ELECCIÓN DE LUIS ALVA CASTRO EN LA PRESIDENCIA DEL CONGRESO PONE EN EVIDENCIA EL CADA VEZ MÁS DESLUCIDO PAPEL DE LA OPOSICIÓN EN EL OTRORA PRIMER PODER DEL ESTADO

Hay un desbande opositor en el Congreso y el gran beneficiado es el Partido Aprista pues le permite, con solo 36 legisladores, manejar el Parlamento a su medida. Consecuencia de ello será la fácil victoria que obtendrá, mañana domingo, el polémico ex ministro del Interior Luis Alva Castro y que le permitirá acceder a la presidencia del Congreso, un poder del Estado que, según la última encuesta de IPSOS-Apoyo, solo cuenta con 14% de aprobación –y 77% de rechazo- a nivel nacional. De ahí que haya parlamentarios que no duden en reconocer que se viven días de “oposición light”, una actitud que contrasta peligrosamente con la existencia de demandas no atendidas provenientes un importante sector de la ciudadanía.

Una epidemia invade al Congreso, pero no es la gripe AH1N1. Es la temible peste del transfuguismo político, cuyos síntomas se manifiestan en una creciente entrega de alma, corazón y votos a favor del oficialismo por parte de legisladores que, en un inicio, fueron elegidos para desempeñar un rol opositor o, cuando menos, proclamaron sus deseos de neutralizar cualquier exceso del gobierno.

Sin embargo, uno de esos exabruptos está a punto de producirse: la elección de Luis Alva Castro como presidente del Congreso. Alva, de controvertida gestión al frente del Ministerio del Interior -donde quiso adquirir patrulleros chinos y compró pertrechos antimotines con denuncias de sobreprecio-, se quedó en el puesto hasta que reventaron los ‘Petroaudios’. Ahora, sin una oposición que haga valer su peso, la nueva Mesa Directiva consagrará la alianza tácita entre apristas, fujimoristas y una variopinta pléyade de ex parlamentarios de Unidad Nacional y de UPP que colocará, una vez más, a un representante del partido de la estrella a la cabeza del Legislativo.

Ante ello, hay que reconocer la habilidad de la bancada aprista para conseguir, con solo 36 miembros, el control casi absoluto del Congreso. Como quedó en evidencia semanas atrás con la votación que rechazó la censura del ex premier Yehude Simon y de la ministra del Interior Mercedes Cabanillas, para sancionar o elegir a alguien en el Parlamento se debe pasar por un delicado cubileteo –léase toma y daca político- para el que los ‘compañeros’ han confirmado grandes aptitudes.

FRUSTRACIÓN OPOSITORA

El congresista Carlos Bruce, casi solitario representante del toledismo pues el otro –el recordado ‘payasito’ David Waisman- ha terminado votando con el aprismo, recuerda que este fenómeno comenzó poco antes de que se instalara el actual Congreso, en julio de 2006.

“El Apra bregó activamente para dividir a una bancada novata, conformada por representantes de UPP y por los nacionalistas de Ollanta Humala. Aprovechó las debilidades de algunos y así se produjo la primera gran ruptura entre humalistas y upepistas. Luego, no bastándoles con eso, los apristas trabajaron para quebrar lo que quedó de UPP, donde personas carentes de un líder y ante un futuro político personal incierto optaron por aprovechar el momento. La consecuencia es simple: al no reconocer un ‘jefe’ su votación puede irse a cualquier lado”, opina Bruce.

Paralelamente se produjo la descomposición de Unidad Nacional en otras dos bancadas: la propia UN –que sigue a Lourdes Flores- y Alianza Nacional, que reúne a partidarios del alcalde Luis Castañeda (Solidaridad Nacional) y del ministro Rafael Rey (Renovación).

Así, en vez de los cinco grupos parlamentarios que llegaron originalmente para el periodo 2006-2011, hoy existen ocho. Eso sin contar a media docena de legisladores ‘independientes’ que en cada votación se disparan como mejor les parece.

Son números que, lejos de revelar madurez política demuestran, en la mayoría de los casos, mero oportunismo. La bancada Bloque Popular (BP) –de ocho miembros, escindidos principalmente de UPP-, capitaneada por Álvaro Gutiérrez (segundo vicepresidente del Congreso hasta mañana), es clara prueba de ello.

La situación ha resultado óptima para apristas y fujimoristas, quienes no solo no han perdido un congresista sino que votan en bloque, disciplinadamente. Sin embargo, la dispersión existente genera otro tipo de problemas. “La gente percibe al Congreso como algo inútil, y tiene razón porque muchas iniciativas que interesan a la opinión pública terminan bloquedas. La semana pasada se denunció que el arroz que había donado Naciones Unidas para las víctimas del friaje en Puno estaba regresando a Lima para ser vendido en los mercados. Pedimos en la Comisión Permanente que se cite al Primer Ministro y al titular del sector para que informen al respecto, pero la bancada aprista y sus aliados maniobraron para impedirlo. Ya no podemos ni fiscalizar. Si la gente viera que el Congreso actúa de inmediato en un caso así pensaría que este sí sirve para algo”, asegura Bruce.

TRANSFUGAS DE NUEVO CUÑO

El especialista en temas electorales Fernando Tuesta considera que los reacomodos en lo que va del periodo 2006-2011 deben analizarse como un fenómeno distinto del transfuguismo corrupto del año 2000, cuando Vladimiro Montesinos –fajos de billetes de por medio- compraba legisladores a nombre del fujimorismo.

“Hoy en día el perfil del congresista que vendría a llamarse tránsfuga corresponde generalmente al de un parlamentario nuevo, que no ha tenido mucha experiencia política previa, que no ha pertenecido por mucho tiempo al partido que lo postula o que fue un ‘invitado’ dentro de la lista. Antes un parlamentario difícilmente se iba solo, lo usual era que se desprendiera una tendencia o facción. Ahora la cosa es a título personal. Se sienten dueños de su curul y con vuelo propio, lo que es consecuencia de la precariedad de los partidos”, opina el experto.

Respecto a la elección de Alva Castro, Tuesta reconoce su experiencia pero considera temerario que en tiempos de agitación social –y donde las fuerzas políticas están lejos de canalizar efectivamente estas demandas- el Apra repita un esquema que viene aplicando desde el 2006, cuando llegó al poder y la expectativa de la opinión pública era otra. “Creo que esa experiencia que le permite manejar al Parlamento y neutralizar a la oposición mediante pactos con el fujimorismo u otras fuerzas son triunfos pírricos. A veces conviene ceder espacios para ganar terreno. La seducción por un triunfo fácil puede estar cerrando una importante válvula de desfogue al descontento social”, enfatiza.

YO ME ACOMODO, TÚ TE ACOMODAS

El desbande en filas opositoras comenzó en 2006 y a él sucumbieron muchos de los que llegaban por primera vez al Legislativo. Así, fue precisamente el apetito de José Vega Antonio (UPP) por hacerse de un lugar en la Mesa Directiva –apristas y fujimoristas le ofrecieron la primera vicepresidencia para endulzarlo-, lo que detonó la ruptura con el humalismo, fuerza que había decidido no participar en una misma lista con los partidarios del ‘Chino’.

Al año siguiente el esquema varió. UN pretendió aglutinar a la oposición en pos de la presidencia del Congreso aspirando así a una efectiva división de poderes con el Ejecutivo, pero quedó lejos. Hábiles operadores políticos del partido de gobierno como el hoy premier Javier Velásquez Quesquén, Jorge del Castillo, Mauricio Mulder y Aurelio Pastor tendieron puentes con grupos y parlamentarios dispuestos a oír lo que tenían para ofrecerles. A ellos se sumaron fujimoristas como Carlos Raffo y Rolando Souza, y José Vega y Aldo Estrada en UPP.

Pese a ello, tanto en 2007 como 2008 la oposición intentó dar batalla postulando a Javier Bedoya (UN) y Víctor Andrés García Belaunde (Alianza Parlamentaria), respectivamente, pero ambos fueron derrotados. Sin embargo, este año la situación es tan precaria que, al haberse suspendido a siete legisladores nacionalistas, las opciones de Rosa Florían (UN), la autoproclamada candidata opositora -aún cuando consiga algunos votos de UPP y BP-, son nulas.

Y es que el fenómeno no cesa. Que lo diga si no la gente de UN, quienes vieron hace 15 días cómo uno de sus más jóvenes valores, el parlamentario Martín Pérez, se mudó raudo al oficialismo al aceptar la cartera de Comercio Exterior que convenientemente le ofrecieron el presidente García y compañía.

Así las cosas, al cierre de esta edición la nueva directiva quedaría integrada por Alva en la presidencia, la fujimorista Cecilia Chacón en la primera vicepresidencia y Wilson Urtecho (acólito de Rafael Rey) en la segunda. La tercera vicepresidencia recaería en alguien de UPP, que podría ser Carlos Cánepa o Karina Beteta -curiosamente, ambos votaron por la “abstención” cuando se definió la censura a Simon y Cabanillas-. No se olvide además que este año UPP tuvo a su cargo la Comisión de Fiscalización, hoy reducida a una caricatura de lo que fuera durante el gobierno de Alejandro Toledo.

De ahí que Yonhi Lescano (AP) se haya quejado amargamente de que se viven tiempos “de una oposición light” en el Congreso, donde muchos parlamentarios cambian de bando a la hora de votar guiados por intereses personales antes que por razones de Estado.

Empero, no todos piensan como él. Fabiola Morales, quien fue reelecta como parte de UN pero desde el año pasado integra Alianza Nacional, defiende su posición, en la que asegura haber votado varias veces contra el gobierno. Sin embargo, cuando se vio la censura a Simon y Cabanillas también se abstuvo. “Siempre voto según lo que acuerde mi partido”, asevera esta seguidora de Luis Castañeda. Y ya se sabe para dónde se inclina el alcalde de Lima cuando se trata de disputar con el oficialismo.

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