lo que es muy largo para el útero de verdad

Monday, May 14, 2007

La guía ocraM - Tavito


Gustavo Faverón Patriau es un crítico cultural limeño que vive en el soleado Maine, USA. Nunca lo he visto en persona.

PRIMEROS CHOQUES

El primer choque con él, miren ustedes, ocurrió en un post que incluía un artículo de Edmundo Paz Soldán que -digamos- "olvidaba" citar a la revista Entertainment Weekly como la fuente de sus análisis sobre el cómic Watchmen.

Se lo hice notar en un comentario y Faverón dijo que yo "ensuciaba la conversación". Curiosamente, Paz Soldán tuvo una actitud mucho más conciliatoria y aceptó su error sin majaderías. Dejé la cosa allí.

Volví a comentar en su blog a raíz de su posición censora sobre las caricaturas de Mahoma. El debate se tornó agrio y terminó censurando los comentarios de mi amigo Ernesto Reaño y yo. Tenía todo el derecho de hacerlo, por supuesto, pero yo tenía también el derecho de publicar mi última palabra y lo hice aquí, inaugurando esta sección de Anexos del Útero. Como reacción, Faverón cometió algo espantoso, pero esa historia la dejaremos para el final.

SIGUEN BASTOS

Pasó el tiempo y un día me llegó una información: Rafo León había plagiado a cuatro periodistas de El Comercio y era posible que la historia se enterrara. Conté este dilema en un post, sin mencionar nombres ni de víctimas ni de victimarios. Al toque saltó Faverón, increíblemente en defensa un montón de gente que yo no había mencionado pero que él hizo creer que yo había aludido y ofendido.

Por si acaso, resultó que un periodista llamado Bruno Ortiz ya había revelado -candorosamente, eso sí- el lamentable plagio. Eso también fue consignado en el útero y también me valió ataques de Tavito.

Para hacerla corta: a lo largo del 2006 hubo otras escaramuzas en las que, lo admito, hubo excesos de ambos lados. Faverón nos había contaminado con su estilo.

PRIMERA CAIDA

Finalmente, a raíz de mis críticas de unos insultos suyos al Morsa, Tavito perdió el control.

Amparado bajo el seudónimo de "Juan Pérez", Gustavo Faverón dejó comentarios llenos de insultos contra César Hildebrandt -otra de sus obsesiones- y contra mí.

Pero fue ampayado por su IP. La revelación fue hecha aquí. Pero él lo negó tres veces. Entonces, tuve que publicar más pruebas aquí. No volvió a responder.

Al mejor estilo de político denunciado, guardó perfil bajo durante un tiempo y, luego, regresó como si nada, fresquísimo él. No. No fresquísimo: más rancio y agrio que nunca. Como nadie tiene interés en pelearse con un cadáver moral, se le propuso un armisticio. No aceptó.

GOLPE FINAL

Pasaron varias cosas. Defendió a Bryce de los plagios que cometió. Hildebrandt lo hizo leña.

Pero no aprendió.

Finalmente nos vimos obligados a sacar un as bajo la manga: el blog Basta Faverón.

Faverón, finalmente, ha pedido disculpas. Las aceptamos.

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